Nací
un 16 de abril de 1995, domingo de pascua. Ese día por la madrugada cuando por
razón natural llegue al mundo y abrir los ojos, me encontré rodeada de gente,
familia. Al pasar del tiempo, parte de
ellos se alejaron y otros nunca dejaron de acompañarme.
Como todo, tenemos nuestras diferencias y parte de esas era mi cuerpo, para
ciertos siempre fui gordita y no de las lindas, con un veneno importante, me
tocaban, con fuerza y algo de asco, ese rollito que sobresalía de mi
panza, me miraban fijo y en esa
oscuridad me decían sos gorda. Dos por
tres pasaba por mi cabeza ¿Se habrán mirado al espejo? Aunque prefería no
aportar a eso. Llegar a casa, no dejó de
ser un infierno, observar a mi papá como todo macho, a lo viejo militar, tirar
contra la pared cada plato de comida que hacía mamá por el simple hecho no le
gustaba y oír ese degradable sonido de su voz que nos gritaba que no éramos
nada y que no lo íbamos hacer, que el resto de nuestras vidas estaríamos debajo
de sus brazos respondiendo a lo que él manda. Ver a la vieja no reaccionar,
logró que me quedará callada por años. 11 años dedicándole tiempo a la escuela, así, con está vida y ni siquiera pude zafar de compartir ese lugar con personas malas, obviamente me aferre a los buenos, quiénes también de alguna manera pasaban por lo mismo. En ese transcurso, no quería mi vida y menos mi cuerpo, no sé cómo explicar lo que es mirarse al espejo con tanto odio y querer quitar con tus manos todo lo que no te gusta y les aseguro que es un tremendo sacrificio y desafío poder ponerse frente al espejo. Cada mañana que me preparaba para ir a clases, la ropa que más grande me quedaba la usaba, nada de cosas apretadas, en cuanto menos me vean, mejor, así menos me podían decir. Sin embargo, era inevitable la gente habla por hablar y me fueron lastimando, sobretodo me deje lastimar, las dietas fueron grandes enemigas, me costaba mucho todo y conocía qué era la bulimia, siempre lo supe y veía que había chicas que bajaban de peso vomitando, entonces empecé a hacerlo, día tras día, comida tras comida… Pensé que tal vez siendo más flaca me iba a sentir mejor y mi familia me iba a querer.
¿Cómo fue que me di cuenta que no daba para más? Era invierno, cerca del mediodía, en vez de almorzar bien, me tome un té con unas pequeñas tostadas, estaba comiendo poco hace bastante, era hora de tomarme el colectivo, agarro mis cosas y salgo corriendo, llegue a la parada y vi el colectivo venir, a unos 8 metros de distancia de subir mi panza se revolvió y vomite cosas que ni había comido, subo, una señora asustada me pregunta éstas bien, le conteste que sí, que no se hiciera problema, mi panza no dejaba de hacer unos ruidos raros estaba más que vacía, llegue al colegio y no me podía sostener parada, una compañera me vio y me llevó hasta el baño y no deje de vomitar por un largo tiempo, era insoportable, vino desesperada la preceptora pensando que yo estaba embarazada y le conté como pude lo que pasaba. La directora, llamó a mis padres y solo llegó mamá muy sorprendida y muy decepcionada, me lleva al hospital y otra vez le tuve que explicar al médico que pasaba, me derivó al psicólogo, vamos a toda velocidad, llegamos y otro a quién contarle todo y me deriva a un nutricionista, por suerte no estaba, así que otro día, mejor. Mi día termino en casa, siendo obligada a comer y vigilada por muchas miradas, iba al baño y se escuchaba la silla de mamá correr y sus piernas tras la puerta. Al otro día se olvidaron de todo lo que paso, como si nada hubiese ocurrido. Así que otra vez estaba sola, cómo salir de eso con todo lo que implica vivir en mi casa, hasta que alguien se acercó y me dijo “Te pido que me des esa piedra que carga tu espalda, esa que te pesa, no te puedo prometer que todo cambiará, pero si te ayudaré a vivir de otra manera” y me susurró un te amo. Me aferre a ese amor, a eso que era distinto, veníamos bien, saliendo adelante, enfrentando espejos, personas, viejas heridas. Contribuyendo, me dice “mica una vez te dije ama a quien te rodea como a ti misma,” ¿Cómo podes amar al resto sin amarte? ¿Cuán verdadero es tu amor? Una pregunta eterna que el resto de mi vida va a inquietar, pero que va a lograr que nunca me olvide de amarme.
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| Confirmación - Parroquia San Luis Gonzaga |
Entonces comencé a divertirme frente al espejo, haciendo caras locas, jugando con mi cuerpo, moviendo mis rollos haciendo que parezcan que hablaran con voces de algunos personajes y me reí tanto con otros, que me gusto, de a poco fui aceptando lo que era, lo que soy. Me quede con quiénes me hacían bien, con aquellos que buscaban su felicidad en la sonrisa de los demás. Cada vez me quise más y aunque el modo de vida de mi familia no cambio, fui aprendiendo a llevarlo sin que me afecte tanto.
Estoy parada frente al mundo, para demostrarle al que cae lo que vale, para decirle sos increíblemente hermoso, abrazarlo y susurrarle al oído cuánto lo quiero. No soy yo la que les sacara esa piedra que les pesa, pero intentaré guiarlos hacia quién si puede hacerlo.
Mi nombre es Micaela, tengo 20 años, viví la bulimia como una enfermedad que traspaso a mi cuerpo y viví el amor de Cristo como mi salvación.
Dios sostiene mi vida en sus manos y la guía con amor hacia la verdad.


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